jueves, 22 de octubre de 2026

Peter Attia, médico, sobre la pérdida de músculo después de los 50: "La clave es evitar la inactividad, evitar el tiempo sin entrenamiento"

Peter Attia, médico, sobre la pérdida de músculo después de los 50: "La clave es evitar la inactividad, evitar el tiempo sin entrenamiento"

Después de los 50, la pérdida de músculo no tiene por qué ser una cuesta abajo suave y constante, y el médico Peter Attia señala las temporadas sin entrenar como los momentos en los que se acelera. Así lo explica en un episodio de su pódcast, 'The Peter Attia Drive', dedicado a la fuerza y la masa muscular.

Attia, que se formó como médico en Stanford y se dedica al estudio y la práctica de la longevidad, tiene una norma que pone por delante de todas a partir de cierta edad. “Una vez llegas a mi edad, a los cincuenta, la regla número uno del entrenamiento es no lesionarte”, explica el médico, relacionándolo con lo que ocurre cuando pasamos meses sin poder entrenar. Por eso defiende que, al cumplir años, conviene elegir los ejercicios y ajustar los esfuerzos pensando también en poder seguir practicándolos a largo plazo.

Un descenso lento con caídas bruscas

Según Attia, la pérdida de músculo ligada al envejecimiento no siempre ocurre de forma gradual: en una misma persona pueden ir alternándose etapas de descenso lento con otras de pérdida más rápida, que coinciden con los periodos de inactividad. Para explicarlo recupera una idea de Luc van Loon, investigador experto en metabolismo muscular que ya pasó por su programa en un episodio de abril de 2024. Las gráficas suelen mostrar una bajada uniforme de la masa muscular de la gente con la edad, aunque esa media puede esconder los cambios bruscos que sufre cada persona cuando deja de moverse durante una temporada larga.

“Si lo miras de forma individual, para la mayoría de las personas es un descenso relativamente lento, interrumpido por periodos de descenso rápido con la inactividad. Así que la clave aquí es evitar la inactividad, evitar el tiempo sin entrenamiento”, señala Attia.

De hecho, el propio van Loon firmó en 2013 junto a otros investigadores una revisión en la revista Ageing Research Reviews en la que planteaban que los periodos cortos sin utilizar el músculo, ya fuera por enfermedad o lesión, se van acumulando a lo largo de la vida y contribuyen a la pérdida muscular asociada a la edad.

La preocupación del médico se centra sobre todo en las lesiones que apartan del ejercicio durante meses a las personas de más edad. Para reducir ese riesgo, propone ir valorando si algunos movimientos concretos siguen siendo adecuados, y si existen alternativas que permitan trabajar sin provocar molestias.

Adaptar el entrenamiento para poder mantenerlo

Attia tira de su propia experiencia para explicarlo. Ha dejado de hacer peso muerto, un ejercicio en el que se levanta una carga extendiendo caderas y piernas. Lo hizo porque algunas sesiones le dejaban molestias en la espalda, y como a veces estaba demasiado cansado o distraído, decidió buscar otras maneras de entrenar.

Eso sí, aclara que se trata de una elección personal y que otras personas pueden seguir haciendo ese ejercicio. En su caso, consideró que las molestias no le compensaban teniendo alternativas para trabajar la musculatura.

También recuerda que hay diferentes maneras de hacer un entrenamiento más exigente. “Puedes aumentar la carga o el peso, pero también puedes hacerlo aumentando las repeticiones de una serie, el número de series o el tiempo bajo tensión, que es una de mis opciones favoritas”, explica. Ese tiempo bajo tensión es durante el cual el músculo está trabajando en un ejercicio, y Attia lo aprovecha utilizando menos peso en algunos movimientos, haciéndolos más despacio o metiendo pausas. Con esto consigue mantener el esfuerzo muscular adaptando la carga a las molestias de sus articulaciones.

Cómo volver después de una larga pausa

El médico también habla sobre retomar el gimnasio después de años sin entrenar. Al haber hecho deporte en el pasado, algunas personas pueden intentar recuperar demasiado pronto el nivel, forzándose más y sin tener en cuenta la forma física actual. Su consejo para ellos, y para quienes empiezan de cero, es este: “Actúa como si nunca lo hubieras hecho antes. Céntrate en prevenir lesiones, trabaja con una progresión gradual y aprende los movimientos fundamentales”.

Pero la continuidad también tiene que dejar hueco a la recuperación entre sesiones. Attia menciona las molestias musculares que no desaparecen, la caída del rendimiento y el dolor que empeora al hacer un movimiento como señales a las que presta atención para ajustar el esfuerzo. Vamos, que seguir entrenando no significa estar apretando siempre igual.

Y su objetivo va más allá de mejorar las marcas en el gimnasio. “¿Qué quieres poder hacer en la última década de tu vida? Quiero poder nadar. Quiero poder montar en bicicleta. Quiero poder caminar. Quiero poder jugar al fútbol con un niño”, plantea el médico. Identificar esas actividades, explica, ayuda a decidir qué capacidades conviene trabajar para conservarlas con los años.

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Eduard Estivill, experto en medicina del sueño: "El peor turno de trabajo suele ser el de las enfermeras: es el problema del jet lag"

Eduard Estivill, experto en medicina del sueño: "El peor turno de trabajo suele ser el de las enfermeras: es el problema del jet lag"

Los turnos rotativos empiezan a convertirse en un problema cuando obligan a cambiar una y otra vez las horas de actividad y descanso. Eduard Estivill, experto en medicina del sueño, ha puesto como ejemplo el trabajo de enfermería al explicar en un episodio de Focus ON Podcast por qué es, bajo su criterio, el peor turno de todos.

El especialista se refiere a cuadrantes que alternan días de trabajo, noches y descansos con horarios diferentes de una semana a otra. Para Estivill, esa falta de continuidad obliga al organismo a reajustarse de forma constante y compara esta situación con el desfase horario más conocido del planeta: "Es el problema del jet lag".

Por qué los cambios de horario complican el descanso

La comparación va más allá de una forma de hablar, ya que el NIOSH, organismo estadounidense de seguridad y salud laboral, explica que los trabajadores nocturnos que intentan recuperar su horario diurno durante sus días libres tienen un problema. Por desgracia, lo hacen mientras su organismo trata de adaptarse al trabajo a la vez que busca dormir más horas.

El problema puede crecer todavía más durante esos descansos. Estivill señala que una persona que se adapta a mantenerse despierta por la noche lo que busca es recuperar el horario habitual para hacer vida familiar, pasar tiempo con otras personas o llevar a los niños al colegio si tuviera hijos, y aquí es dónde este tipo de turnos empiezan a ser un problema.

Ese cambio entre un patrón nocturno y otro diurno vuelve a desplazar el horario de sueño. De hecho, el propio NIOSH advierte que repetir este proceso una o más veces por semana puede mantener al trabajador nocturno en una especie de "jet lag perpetuo". Si tenemos en cuenta que un buen descanso está a la altura de una gran alimentación o realizar ejercicio físico varias veces en semana, es fácil ver por qué este tipo de turnos son más complejos de lo que muchos creen.

Toda esta situación ha provocado que Estivill vaya más allá de una noche concreta de trabajo y centre su atención en la inestabilidad del horario. Cuando el cerebro empieza a adaptarse a un patrón y tiene que volver al contrario casi de inmediato, mantener una rutina regular de sueño se vuelve mucho más complicado. Así, la improvisación constante en los horarios de trabajo termina dejando secuelas negativas en muchos trabajadores.

Foto | Focus ON Podcast (YouTube)

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Carlos Jaramillo, médico: "El pico de glucosa no será tan alto si como e inmediatamente después salgo a caminar"

Carlos Jaramillo, médico: "El pico de glucosa no será tan alto si como e inmediatamente después salgo a caminar"

Caminar después de comer puede pasar a ser tu mejor aliado si buscas moderar la subida de glucosa que aparece tras una comida. El médico Carlos Jaramillo resume esta idea en un vídeo publicado en su canal oficial de YouTube en el que desarrolla por qué el pico de glucosa "no será tan alto" si sales a caminar justo después de comer.

Lo que Jaramillo propone es repartir el movimiento a lo largo del día en lugar de concentrarlo siempre en una única sesión. Según explica, puede resultar más eficaz caminar 15 minutos después de cada comida que completar 45 minutos de una sentada, especialmente cuando tu objetivo principal es controlar la glucosa tras comer.

¿Caminar después de comer ayuda a controlar la glucosa?

Aunque la recomendación tiene un respaldo experimental, conviene matizar su alcance. Un estudio publicado en Diabetes Care comparó tres caminatas de 15 minutos después de las comidas con una caminata continua de 45 minutos en diez adultos mayores con riesgo de intolerancia a la glucosa.

Las dos estrategias mejoraron el control de la glucosa durante 24 horas y, por ende, fueron una mejor opción que no caminar, pero los paseos posteriores a las comidas fueron más eficaces para reducir la glucosa durante las tres horas posteriores a la cena. Así, los autores lo plantearon como una posible herramienta de cara a controlar la hiperglucemia posprandial.

Este experimento va un poco más allá de la idea de que caminar 15 minutos después de cada comida sea una fórmula universal, y no hace falta decir que tampoco sustituye a otros tipos de ejercicio. El estudio fue muy pequeño y se realizó en personas de 60 años o más con riesgo de alteración de la glucosa, así que sus resultados no se pueden (ni se deberían) extrapolar sin más a toda la población.

Pese a ello, incorporar un paseo después de comer tiene una ventaja práctica, ya que permite sumar actividad física sin reservar un bloque largo del día. Para Jaramillo, caminar es una base accesible que puede convivir perfectamente con entrenamiento de fuerza y otras formas de ejercicio, razón por la que se convierte en un complemento ideal.

Foto | Dr. Carlos Jaramillo (YouTube)

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José María Sánchez, pescadero: “Más de la mitad del pescado se vende en el súper, y no es porque sea mejor, es por otra cosa"

José María Sánchez, pescadero: “Más de la mitad del pescado se vende en el súper, y no es porque sea mejor, es por otra cosa"

Llegas a comprar después de trabajar y la pescadería del barrio ya ha cerrado. En el supermercado puedes llevarte unos filetes limpios junto con lo que te falta para la cena. José María Sánchez, pescadero, habla de esa comodidad en su publicación de Instagram: "Más de la mitad del pescado se vende en el súper".

"No es porque el pescado del súper sea mejor", sostiene. El profesional señala los horarios, el producto limpio y envasado y la posibilidad de hacer toda la compra en una sola parada. Cuando vas con el tiempo justo, ahorrarte otra tienda tiene su atractivo.

Comprar pescado sin complicarse la cena

Las pescaderías han perdido una parte considerable de las compras de los hogares. Un estudio de Maritime Studies recoge que su cuota en España pasó del 50% al 20% entre 1999 y 2023. 

Después está lo que ocurre en la cocina. Que el pescado parezca difícil de preparar puede echar para atrás incluso antes de comprarlo. Una investigación de Appetite publicada en 2007, con participantes de cinco países europeos, incluida España, encontró que esa dificultad percibida se asociaba con una peor actitud hacia el pescado y con un menor consumo.

Los datos de Mercasa sobre las compras de los hogares también ayudan a poner cifras a lo que cuenta José María Sánchez: en 2024, los supermercados concentraron el 61,9% de las compras de productos pesqueros, frente al 20,7% de los establecimientos especializados. 

Además de los horarios, el bolsillo también pesa. En el Eurobarómetro realizado en 2024, el 55% de los encuestados europeos señaló el precio entre los factores más importantes al comprar pescado y marisco, por delante del aspecto del producto (52%). Eso no significa que el súper sea siempre más barato, pero sí que la comodidad comparte protagonismo con lo que cuesta llenar la cesta.

El consejo que puedes llevarte del mostrador

"Hay cosas que en una bandeja no vienen", explica el pescadero. Se refiere a poder preguntar y pedir ayuda para preparar el pescado. Comentar que lo quieres para el horno permite que quien te atiende sepa qué corte necesitas; preguntar por una especie que no conoces puede resolverte las dudas antes de llevártela.

Si hay un profesional al otro lado del mostrador, aprovecha para preguntarle, esté en el mercado, en una tienda de barrio o dentro del súper.

Foto | Instagram

En Vitónica | Joey Till, entrenador: a partir de los 50, hay que levantar peso y realizar ejercicio de impacto controlado para fortalecer los huesos. No basta con solo caminar

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miércoles, 21 de octubre de 2026

Joey Till, entrenador: a partir de los 50, hay que levantar peso y realizar ejercicio de impacto controlado para fortalecer los huesos. No basta con solo caminar

Joey Till, entrenador: a partir de los 50, hay que levantar peso y realizar ejercicio de impacto controlado para fortalecer los huesos. No basta con solo caminar

Si eres de los que salen a caminar cada día y das por hecho que con eso tus huesos ya tienen todo lo que necesitan, quizá te interese esta opinión. Joey Till, entrenador de Barry’s en España, asegura que “nos encanta caminar, pero por sí solo no fortalece los huesos”.

Como explica el entrenador, el hueso responde a la carga, así que hay que darle algo más pesado de lo que está acostumbrado a soportar en un paseo por largo que sea. Vamos, que con moverse no es suficiente para cargar el esqueleto para que se fortalezca.

¿Y por qué preocupa esto sobre todo a partir de los 50? Pues porque tras la menopausia el cuerpo produce muy poco estrógeno, y esa caída hormonal se asocia a la pérdida de masa ósea, como recuerda la FDA en su guía sobre osteoporosis. Por eso Till propone sumar ejercicios de resistencia e impacto adaptado, algo que en Vitónica ya te contamos cuando te hablamos de por qué conviene empezar con pesas en la menopausia.

Tres ejercicios, un favorito y los brazos

Si tuviéramos que elegir por dónde empezar, el entrenador lo reduce a tres ejercicios concretos: la sentadilla con mancuernas, el peso muerto rumano y la zancada hacia atrás. Son tres movimientos que implican grandes grupos musculares y cargan zonas que importan especialmente a partir de los 50, como la cadera. Su consejo es empezar aprendiendo la técnica e ir subiendo la resistencia poco a poco.

Y entre los tres tiene un favorito claro: “Un buen peso muerto con mancuernas es de lo mejor que puedes hacer a cualquier edad”. La zancada, por su parte, añade algo más que carga al apoyar el peso sobre una sola pierna y hacer trabajar la estabilidad y el equilibrio. Por eso recomienda incluir también ejercicios específicos de equilibrio, como las subidas al ‘step’ o el peso muerto a una pierna.

Aunque solemos asociar la salud ósea con la cadera y la columna, el entrenador no quiere que olvidemos el tren superior, y para ello propone el ‘press’ por encima de la cabeza, que consiste en subir dos mancuernas desde los hombros hasta estirar los brazos, y el remo inclinado, en el que las pesas se llevan hacia el torso manteniendo la espalda estable. Ambos completan una rutina más equilibrada y, de paso, el simple hecho de sujetar las mancuernas acaba trabajando manos y antebrazos. Esto es algo útil para conservar fuerza y autonomía con los años.

Cuánto peso, cuántas veces... y un poco de impacto

Para Till, el error más habitual es utilizar siempre las mismas mancuernas aunque el ejercicio haya dejado de costar, y su referencia es sencilla: un peso con el que las dos o tres últimas repeticiones de una serie de ocho a diez resulten exigentes sin perder la técnica. “Si cres que podrías hacer 20 repeticiones más sin problema, el peso es demasiado ligero”, asegura. Como orientación, plantea dos o tres sesiones de fuerza a la semana, con cargas que vayan subiendo de forma gradual.

El impacto completa la propuesta, y no hace falta correr maratones para conseguirlo, porque pequeños saltos, subir escaleras o intervalos cortos de carrera ya suponen un estímulo. “Los estímulos cortos, como un salto o un ‘sprint’ en la cinta, le dan al hueso una señal estupenda”, explica.

Eso sí, la intensidad tiene que ajustarse a la condición física de cada uno y crecer poco a poco. Y si hay osteoporosis, fracturas previas o alguna limitación articular, el entrenador aconseja consultar antes con un profesional sanitario, ya que el impacto puede ayudar, pero ni es imprescindible va a ser adecuado para todo el mundo.

Tampoco ve la edad como un obstáculo, porque empezar después de los 50 con ejercicios adaptados, bien aprendidos y con supervisión cuando haga falta puede aportar beneficios tanto musculares como óseos. “Aprender a levantar peso correctamente es de lo más empoderador que puedes hacer, a los 50 y a cualquier edad”, afirma.

Entonces, ¿caminar no sirve de nada?

Pero esto no quiere decir que caminar no sirva, solo que no lo hace para todo. Un metaanálisis de diez ensayos con mujeres peri y posmenopáusicas concluyó que caminar como único ejercicio no tiene efectos significativos sobre la densidad ósea de la columna lumbar, mientras que sí encontró un efecto positivo en el cuello del fémur cuando los programas duraban más de seis meses. O sea que sí, a zonas como las caderas un paseo constante le aporta algo, pero se queda corto para otras zonas.

El entrenamiento de fuerza tampoco hace milagros, y conviene tenerlo en cuenta para no frustrarse a las pocas semanas. La revisión Cochrane sobre ejercicio en la posmenopausia describe un efecto relativamente pequeño, aunque posiblemente importante, del ejercicio sobre la densidad ósea. Este documento sitúa el entrenamiento progresivo de fuerza de las piernas entre las opciones más eficaces para el cuello del fémur, por lo que el efecto es más el de frenar la pérdida osea con los años que ver cambios rápidos.

Lo que dicen los especialistas en osteoporosis

Las pautas de Till encajan bastante bien con el consenso británico sobre ejercicio y osteoporosis, elaborado por un grupo multidisciplinar con el apoyo de la Royal Osteoporosis Society. Según este documento, lo recomendable es realizar ejercicios de fortalecimiento dos o tres días por semana, con una carga que se pueda levantar entre ocho y 12 veces, empezando con menos intensidad hasta dominar la técnica.

Para el impacto, sugiere alrededor de 50 impactos moderados como saltos suaves, trote y pisotones. Sugiere hacerlos la mayoría de los días, repartiéndolos por ejemplo en cinco series de diez con pausas entre medias.

Pero el documento también marca límites. Por ejemplo, indica que quien tiene fracturas vertebrales o varias fracturas por golpes leves debería quedarse en un impacto equivalente a caminar a paso ligero, y siempre con el consejo de un fisioterapeuta. También pide evitar las posturas que doblan mucho la columna, sobre todo con peso, recomienda a quien ya sufre caídas empezar por fuerza y equilibrio antes de añadir impacto, y recuerda que el ejercicio complementa la medicación cuando está indicada, sin sustituirla.

¿Y si me lesiono entrenando?

En los ensayos revisados por el consenso británico se encontró que solo el 5,8% de los participantes que hacían ejercicio sufrieron fracturas oeas, mientras que en los grupos de control la cifra llegaba al 9,6%. Por lo tanto, no es algo tan preocupante.

Y el ensayo LIFTMOR de 2018 se probó en mujeres posmenopáusicas con baja masa ósea un programa de 30 minutos. Se realizó dos veces por semana durante ocho meses, con cargas por encima del 85% de su máximo. En este grupo, la densidad ósea de la columna lumbar subió un 2,9%, mientras que en el de ejercicio suave en casa bajó un 1,2%, con un único incidente leve, un espasmo lumbar.

Otros estudios más recientes van en la misma dirección, como el de la Universidad Politécnica de Madrid de 2026. En él se comparó en 13 mujeres posmenopáusicas activas una sesión de diez series de diez sentadillas con otra de carrera interválica, y un día después la fuerza había provocado una respuesta más intensa en los marcadores que regulan el hueso.

Mientras tanto, para quien hoy sólo camina el paso razonable parece bastante claro: mantener el paseo, que algo sí aporta a la cadera, y sumarle, con técnica y sin prisa, dos o tres días de fuerza.

Imagen de portada | Victor Freitas

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John Cryan, neurobiólogo: “Tenemos evidencias de que el café, con cafeína o descafeinado, transforma la microbiota y mejora la salud mental y cognitiva”

John Cryan, neurobiólogo: “Tenemos evidencias de que el café, con cafeína o descafeinado, transforma la microbiota y mejora la salud mental y cognitiva”

El café de después de comer puede alargar una sobremesa o regalar un rato de tranquilidad antes de volver al trabajo. A veces, apetece por el sabor o por la pausa. Esa taza también interesa al neurobiólogo John Cryan, de la University College Cork, que estudia qué ocurre en el intestino cuando tomamos café y cómo se relaciona con el ánimo y la memoria.

"Nuestros hallazgos sugieren que el café, ya sea con cafeína o descafeinado, puede influir en la salud de maneras distintas, pero complementarias", explicó Cryan al presentar los resultados en un comunicado publicado por su universidad.

El descafeinado también cuenta

Para estudiar esa relación, su equipo reunió a 62 personas: la mitad tomaba café habitualmente y la otra mitad no lo bebía. Primero compararon ambos grupos. Después, los 31 consumidores habituales pasaron dos semanas sin café y volvieron a tomarlo durante otras tres, esta vez repartidos entre 16 que recibieron café con cafeína y 15 que recibieron descafeinado. La cantidad fue la misma para todos: cuatro sobres diarios de café soluble, la pauta fijada para el ensayo.

Al analizar las muestras encontraron cambios en algunas bacterias intestinales y en las sustancias que se producen al metabolizar el café. Los hubo con las dos versiones de la bebida. Por eso interesa tanto el descafeinado en esta investigación ya que permite buscar qué papel tienen los demás componentes del café.

"El café es más que cafeína", resume Cryan. También contiene polifenoles, compuestos que pueden interactuar con los microorganismos del intestino. Su equipo estudia esa relación para entender hasta dónde llega su influencia sobre la salud.

Memoria, atención y un matiz importante

Los participantes que volvieron al descafeinado mejoraron en pruebas de aprendizaje y memoria. En el grupo con cafeína se observaron mejoras de atención y vigilancia y una reducción de la ansiedad percibida. En ambos grupos bajaron las puntuaciones de estrés percibido, síntomas depresivos e impulsividad en los cuestionarios.

Los resultados tienen sus límites. Para empezar, los grupos eran pequeños. Y en algunas pruebas de aprendizaje, los propios autores admiten que repetir el ejercicio pudo ayudar a hacerlo mejor. 

Las bacterias que responden al café

La relación con la microbiota ya había aparecido en otro trabajo publicado en Nature . Tras analizar información de 22.867 participantes, sus autores encontraron una asociación especialmente marcada entre beber café y tener más presencia de una bacteria, la Lawsonibacter asaccharolyticus. También la observaron entre quienes tomaban descafeinado.

Después comprobaron en el laboratorio que los dos tipos de café podían favorecer el crecimiento de esa bacteria. Lo que sigue sin estar claro es qué beneficio concreto aporta tener más cantidad de ella en el intestino.

Para elegir el café de después de comer, en cambio, hay algo más fácil de tener en cuenta: cómo afecta al descanso. Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, 100 miligramos de cafeína cerca de la hora de acostarse pueden alterar el sueño en algunas personas. El descafeinado permite conservar la costumbre sin buscar ese estímulo.

Referencias

  • Boscaini y colaboradores. Habitual coffee intake shapes the gut microbiome and modifies host physiology and cognition. Nature Communications (2026). DOI: 10.1038/s41467-026-71264-8.
  • Manghi y colaboradores. Coffee consumption is associated with intestinal Lawsonibacter asaccharolyticus abundance and prevalence across multiple cohorts. Nature Microbiology (2024). DOI: 10.1038/s41564-024-01858-9.
  • Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Cafeína y sus efectos sobre la salud.

Foto | Coffee & Health

En Vitónica | Dan Buettner, experto en longevidad: "El ayuno intermitente debería durar al menos 12 horas y después conviene desayunar bien"

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Los entrenadores coinciden: "Combinar dos o tres sesiones de fuerza con entre 150 y 300 minutos de cardio a la semana favorece un envejecimiento saludable"

Los entrenadores coinciden: "Combinar dos o tres sesiones de fuerza con entre 150 y 300 minutos de cardio a la semana favorece un envejecimiento saludable"

Una de las formas más sencillas de mantenerse activo es caminar a diario, pero hay vida más allá del paseo, dado que quedarse únicamente con esto puede dejar fuera una parte importante del entrenamiento. A medida que cumplimos años, la pérdida progresiva de masa muscular afecta a la fuerza, el equilibrio y la autonomía, momento en el que el trabajo con cargas entra en escena como una de las recomendaciones principales para afrontar un envejecimiento saludable.

La doctora Maribel Tejeda explica en Vozpópuli que caminar aporta beneficios que no proporcionan por sí solos un estímulo suficiente que mantenga o aumente la masa muscular. Por ello, considera que el entrenamiento de fuerza debería formar parte de la rutina para conservar capacidades como, por ejemplo, la fuerza, el equilibrio y la independencia funcional.

Fuerza y cardio se complementan

El entrenamiento cardiovascular tampoco debería desaparecer, tal y como defiende Henrry Rodríguez, Fitness Manager de ZEM Wellness Clinic Altea. Rodríguez asegura que lo ideal es combinar ambas modalidades y recuerda que, aunque el cardio ocupó el protagonismo durante muchos años, hay que darle valor a las pesas. De hecho, el objetivo principal debería ser aprovechar lo que aporta cada una y no sustituir una actividad por otra.

Un ejemplo de esta filosofía se encuentra en las recomendaciones de actividad física de la Organización Mundial de la Salud. Para los adultos, la OMS aconseja acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o su equivalente de mayor intensidad, e incorporar ejercicios para fortalecer los principales grupos musculares al menos dos días por semana.

Esto permite plantear una semana sin necesidad de entrenamientos extremos. Rodríguez propone mantener el paseo diario y añadir dos o tres sesiones de fuerza mientras se acumula actividad cardiovascular a lo largo de la semana, pero aspectos como la cantidad o la intensidad deben ajustarse al nivel físico, la experiencia y las posibles limitaciones de cada persona.

Así, la clave está más cerca de mantener una rutina en el tiempo que de buscar la rutina perfecta: fuerza y cardio trabajan capacidades diferentes y, combinados de manera progresiva, permiten cuidar la musculatura y la capacidad cardiorrespiratoria. A partir de cierta edad, para entrenar hay que tener en cuenta el rendimiento y la capacidad de conservar durante más tiempo aquello que nos permita movernos con autonomía.

Foto | Tony Woodhead

En Vitónica | Felipe Isidro, catedrático de Educación Física: "A partir de los 70 años hay personas que caminan sin problema, pero luego no pueden subir las escaleras de su casa"

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